Regina Cárdenas en FP Grado Superior

“Quiero compartir con vosotros algo que me ha servido en mi vida y es atreverme a soñar, tener la posibilidad de llevar mi vida donde me gustaba”. Así empezó el coloquio con alumnos de 2º Grado Superior Regina Cárdenas, una mujer de 50 años, ginecóloga, madre de familia y empresaria que ha creado una pequeña industria textil que se ha convertido en una de las rentables del sector en Madrid y cuyas empleadas son mujeres rescatadas de la esclavitud sexual. En concreto, ellas cosen, entre otros, para IKEA.

Objetivo: cambiar el mundo

Cuando terminé Bachillerato Letras y aprobé Selectividad me di cuenta de que tenía mi vida en la mano y podría hacer lo que quisiera. Pensé que quería cambiar al mundo y me hice una lista de carreras que podrían ayudarme a ello. Al final me decidí por Medicina”.

Esta valiente mujer reconocía que “los primeros años fueron terribles, pero sentía que tenía mi vida en mi mano”. A mitad de carrera hice un parón de dos años para participar en un proyecto en Bolivia y allí descubrió muchas cosas, entre otras, la realidad de cómo viven y mueren muchas mujeres embarazadas y el índice de mortalidad de niños al nacer. El 10% de aquellas mujeres fallecían, y el 30% de esos niños fallecían en el parto.

Cuenta Regina que “hacerme adulta entre la pobreza y el dolor me llevó a buscar un mayor compromiso con la mujer y la pobreza. Al volver a Madrid decidí que me especializaría en Ginecología”.

Si te los crees, los sueños se hacen realidad

Coloquio Regina Cárdenas con Grado Superior FP-2Durante varios años empezó a viajar a África. Camerún fue uno de los países donde desarrolló proyectos asistenciales. Allí estuvo en sucesivas ocasiones, de tal manera que acabó conociendo a muchas niñas a las que veía convertirse en mujer. “Una de ellas fue Yuli, una niña a la que cogí gran aprecio”, reconoce esta médico.

En una de las ocasiones que volvió a ese país ya no la encontró. “Cuando pregunté por ella me dijeron que su familia la vendió a una red de trata de mujeres para poder pagar los estudios de los chicos. Se la habían llevado en la caravana de esclavas que tiene como destino Europa”, dice con cara de estupor.

Esas caravanas llevan a las mujeres en camión a través del desierto del Níger para llegar a la costa mediterránea. Pero antes de subirlas a una patera son recluidas, apaleadas y violadas para que aprendan a ser disciplinadas.

“Mi espanto no terminó aquí -cuenta Regina-, sino cuando supe que a estos proxenetas les interesaba que aquellas mujeres quedasen embarazasen porque pueden hacer negocio con sus niños”.

Fue entonces cuando decidió ayudar a estas mujeres, pero no de un modo asistencial, sino dándoles un futuro. Y creó una empresa textil en las que ellas serían trabajadoras que tendrían su salario. Actualmente, esta empresa cose 4.000 cojines para IKEA y acaban de firmar un acuerdo con Repsol para coser fundas de cascos de moto y tal vez las camisetas del Betis.

Además de la empresa, Regina creó una Fundación para atender a los hijos de esas mujeres. Mientras están trabajando alguien tiene que cuidar a su/s hijo/s. De este modo ha conseguido que todos ellos crezcan de un modo digno y acaben teniendo un trabajo. Contaba Regina cómo un alto funcionario le había dicho que “el 95% de niños como estos acaban en prisión”.

Cun te acompaña 

Desde hace poco, Regina participa en un proyecto de la Clínica Universidad de Navarra. Se llama CUN te acompaña, un proyecto que tiene como finalidad ayudar a las parejas con un diagnóstico de embarazo en el que el feto morirá al nacer o al poco tiempo. Esa ayuda, consiste, principalmente, a que puedan disfrutar del embarazo.

¿Cómo?, fue la pregunta que todos se hacían. Regina descubre el secreto: “primero, acoger y dar confianza a la pareja. A través del yoga y limpiando el lenguaje de la vida. Les hacemos ver que no tienen un diagnóstico ni un problema, sino un hijo y que pueden vivir un embarazo feliz. A pesar de que saber que el feto no sobrevivirá, esos meses los viven con la ilusión de la vida de su hijo. Porque al final, no es lo mismo sentir la pérdida de un hijo que la culpa de su eliminación”.