Graduación de grados superiores y masteres de FP: la técnica al servicio de las personas
Tajamar celebró el acto de graduación de los ciclos de Grado Superior y los másteres de Ciberseguridad, Big Data, Inteligencia Artificial, Desarrollo y Sistemas con intervenciones que coincidieron en subrayar los valores éticos y personales como fundamento de cualquier carrera profesional.

El 11 de junio se celebró el acto de graduación de 150 alumnos de grado superior de FP y másteres de ciberseguridad y Big Data, inteligencia artificial y desarrollo multicloud de Tajamar, un centro de FP de referencia en Madrid. Había emoción contenida en el salón. Familias que llevaban meses —o años— esperando este momento. Profesores que conocen bien el precio de cada uno de esos títulos. Y graduados que, por fin, ponían nombre a lo que habían construido. El acto de graduación de Tajamar reunió a los 150 alumnos de Grado Superior y de los másteres de Ciberseguridad, Big Data, Inteligencia Artificial, Desarrollo y Sistemas en una ceremonia que fue, sobre todo, un recordatorio de para qué sirve formarse. Tajamar despide a una nueva promoción con un mensaje unánime: la técnica al servicio de las personas.
Jaime Pérez, director del centro, abrió el acto con una idea que volvería a aparecer, con distintas palabras, en todas las intervenciones: el título que se recoge ese día importa menos que lo aprendido en el proceso. «Lo más importante del día de hoy no es el título que vais a recibir, sino lo que habéis aprendido: esfuerzo, constancia, resiliencia», dijo. Y añadió algo que resonó en la sala: «Si habéis descubierto que el verdadero sentido está en hacer el bien y estar abierto a las necesidades de los demás, entonces habremos cumplido nuestro cometido.»
En nombre de todos los graduados tomó la palabra Miguel Latonda, quien también recibió una beca de honor del centro. Su intervención fue de las más sentidas de la tarde. «Tajamar es más que un colegio: es familia, son valores, significa excelencia», dijo, antes de citar a San Josemaría: «Hay que dar el corazón en la vida. Y aquí pongo el corazón y la vida.» Latonda agradeció a docentes y compañeros el camino compartido con una frase que resumió lo que muchos en la sala estaban sintiendo: «Gracias por contribuir a convertirnos en personas más que capaces de seguir aprendiendo y seguir creciendo.»
Primero la persona, luego la técnica
Desde el mundo de la empresa, Miguel Ángel López Morán, director de Tecnología y Sistemas de Crédit Agricole, aportó la perspectiva de quien lleva veinticinco años viviendo desde dentro la transformación digital. Su mensaje fue directo y sin adornos: la tecnología cambia tan deprisa que la formación de hoy no será suficiente mañana. «La transformación es una constante, y cada vez más rápida», advirtió. Pero lejos de agotar el ánimo de los graduados, les dejó una idea estimulante: en un mundo de máquinas cada vez más inteligentes, lo que marca la diferencia siguen siendo las personas. «Cada vez es más importante ser buena gente y tener valores, cuanto más tecnología.»
Cristina Tuero Pidal, directora de Comunicación de iZertis, periodista reconvertida al mundo tecnológico, construyó su intervención sobre tres pilares que, dijo, no había que escuchar por cumplir el protocolo de un discurso de graduación, sino por convicción. El primero: no dejar nunca de aprender, no para acumular títulos, sino para «mantener viva la curiosidad». El segundo, dicho sin rodeos: «Sed buenas personas. Parece una frase simple, incluso puede sonar ingenua, pero no lo es.» Y el tercero, quizá el más inesperado en este tipo de actos: cuidar a los compañeros. «Os lleváis mucho más que un título. Os lleváis personas que han formado parte de un tiempo decisivo de vuestra vida.»
Carlos Martínez Alonso, patrono delegado de la Fundación Alfonso Martín Escudero —colaboradora de Tajamar desde hace más de tres décadas— cerró el turno de oradores con la autoridad serena de quien ha visto muchas promociones pasar. Tres recomendaciones, sin retórica: trabajar, seguir formándose y apasionarse con lo que uno hace. Y una advertencia sobre la suerte, con Picasso de testigo: «Hay que tener suerte, pero que la suerte me pille trabajando.»
Implicados con la formación
La ceremonia incluyó también la entrega de la beca de honor de Tajamar a tres personas vinculadas al centro y comprometidas de verdad con la formación a distintos niveles. José María Villalón, jefe de los servicios médicos del Atlético de Madrid, recogió el suyo con unas palabras que resumieron bien su paso por las aulas: «En mi trabajo como médico del deporte siempre he tenido dos objetivos: que el jugador vuelva sano al campo y que salga mejor persona del vestuario. Con los alumnos de Tajamar, lo segundo fue lo primero.» Y añadió algo que los graduados no olvidarán fácilmente: «Aquí he aprendido que la exigencia y el cuidado no se contraponen, que se puede pedir el máximo esfuerzo sin perder el respeto al alumno que hay detrás.» El reconocimiento se extendió también a Antonio Garrote, director de Trovican, cuya trayectoria refleja ese mismo compromiso con la formación y el talento joven.
La tercera beca de honor recayó en Siemprelara, representada por su consejera delegada, Irene Massana, quien subió al estrado para recoger un galardón que la organización comparte desde hace años con Tajamar a través de becas para estudiantes de Grado Superior, másteres y programas Erasmus. Masana defendió una idea que encajó perfectamente con el espíritu de la tarde: que el éxito empresarial solo adquiere su verdadero valor cuando se comparte. «En Tajamar no solo se forman buenos profesionales, sino también buenas personas», dijo. «Y esto, al final, es lo que de verdad importa.»
El subdirector general de Ordenación Académica de la Comunidad de Madrid, Mario Francisco Redondo Ciércoles, puso el cierre institucional con un mensaje que resumió bien el espíritu de la tarde: «El verdadero éxito no se mide únicamente en logros profesionales, sino en la capacidad de contribuir al bien común.»
Tajamar ha despedido otra promoción convencido de que, en el fondo, formar buenos técnicos y formar buenas personas no son dos objetivos distintos. Son el mismo.
























